FÓRMULAS INFANTILES EN PERÚ: ENTRE LA NECESIDAD CLÍNICA, EL EXCESO DE AZÚCAR Y LA AUSENCIA DE POLÍTICAS DE NUTRICIÓN CONTUNDENTES


En el campo de la nutrición infantil, los debates sobre fórmulas lácteas no son nuevos cada cierto tiempo reaparecen estudios, alertas y titulares que señalan problemas en productos destinados a los niños más pequeños, precisamente cuando sus necesidades nutricionales son más delicadas y cualquier decisión pueden tener efectos duraderos. Sin embargo, más allá de los reportes puntuales, la pregunta que subyace es otra:

¿Estamos abordando la nutrición infantil con la seriedad que merece? ¿Qué rol juegan las políticas públicas y las instituciones en garantizar que los alimentos destinados a los bebés sean seguros y nutritivos?

En un país como el nuestro, donde la lactancia materna la regulación de productos para la infancia y la nutrición pública son temas centrales en la agenda sanitaria, resulta imprescindible analizar con rigor como se están enfrentando estas cuestiones y que se necesita para proteger de forma integral la salud de nuestros niños.

Alimentos para bebés: lo que muestran los análisis recientes

Estudios realizados con fórmulas infantiles comercializadas en Lima Metropolitana han evidenciado que la mayoría de estos productos superan los niveles de azúcar permitidos por la normativa nacional. En varios casos, la mediana de azúcar registrada está por encima de los límites establecidos para bebidas en el país, lo cual llama la atención no solo por el contenido en sí, sino por las posibles consecuencias en la salud metabólica temprana de los niños.

Este hallazgo no puede leerse de forma aislada, la nutrición en los primeros meses y años de vida tiene efectos duraderos sobre la formación de preferencias alimentarias, la función metabólica y el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en la edad adulta. Cuando los productos dirigidos a bebés contienen niveles elevados de azúcares añadidos o aditivos cuya seguridad a largo plazo no está claramente establecida, se genera un terreno de preocupación que va más allá del simple etiquetado.

Programación metabólica: lo que ocurre en los primeros meses no es transitorio

La evidencia en nutrición temprana es clara: los primeros mil días de vida constituyen una ventana crítica de programación metabólica, durante este periodo se establecen:
  • Umbrales de percepción y preferencia por el sabor dulce.
  • Respuestas hormonales asociadas a insulina y leptina.
  • Patrones de almacenamiento energético.
  • Bases epigenéticas vinculadas al riesgo cardio metabólico futuro.
Cuando productos destinados a lactantes presentan niveles elevados de azúcares añadidos, no estamos frente a un simple "detalle nutricional". Estamos hablando de una exposición temprana que puede modular el eje metabólico del individuo.

No se trata de demonizar fórmulas, son necesarias en situaciones clínicas específicas pero si es legítimo preguntarse:

¿Es coherente permitir perfiles de azúcares elevados en alimentos dirigidos a la etapa más vulnerable del desarrollo humano?

Leche materna: el estándar bilógico que no puede equipararse

La leche humana no es únicamente una combinación de macronutrientes, es un fluido biológicamente activo que contiene inmunoglobulinas, factores de crecimiento, oligosacáridos prebióticos, enzimas, hormonas y células vivas. Su composición es dinámica y responde a las necesidades del lactante.

El Colegio de Nutricionistas del Perú ha señalado que las fórmulas infantiles no contienen ni una fracción comparable de los componentes bioactivos presentes en la leche materna, esta afirmación no es retórica es bioquímica.

Cuando el mercado posiciona sucedáneos como equivalentes funcionales, se genera una narrativa que simplifica una complejidad biológica profunda, la lactancia materna no es un discurso ideológico es una intervención de salud pública con impacto documentado en morbilidad infecciosa, desarrollo cognitivo y prevención de obesidad sin embargo, su promoción estructural sigue siendo débil.

Vacío regulatorio: cuando la nutrición queda en segundo plano

En el Perú existe normativa sobre etiquetado frontal de advertencia para alimentos con exceso de nutrientes críticos, no obstante las fórmulas infantiles han transitado por un terreno ambiguo respecto a su inclusión efectiva dentro de estos mecanismos de advertencia.

Aquí surge una tensión central:
  • Si un producto supera determinados umbrales de azúcares, ¿no debería advertirse claramente?
  • ¿Por qué los alimentos destinados a adultos están sujetos a mayor visibilidad regulatoria que algunos dirigidos a bebés?
El Ministerio de Salud tiene la responsabilidad técnica de velar por la inocuidad y composición adecuada de estos productos, el Congreso de la República, por su parte define marcos normativos que pueden fortalecer o debilitar esa protección.

Cuando se plantean excepciones bajo el argumento que las fórmulas son "alimentos especiales", el debate debería sustentarse en evidencia científica sólida y consulta especializada, la nutrición infantil no puede ser tratada como una categoría administrativa más.

¿Dónde queda la defensa del consumidor?

El rol del INDECOPI se centra en la protección del consumidor frente a información incompleta o potencialmente engañosa, en el caso de alimentos para lactantes, la transparencia en el etiquetado no es un lujo, es un derecho.

Cuando las etiquetas priorizan términos técnicos generales como "carbohidratos totales" sin desagregar claramente el contenido de azúcares añadidos, la capacidad de decisión informada se reduce y cuando la población destinataria son bebés, el estándar ético debería ser más alto, no más flexible.

Alertas sanitarias y principio de precaución

En meses recientes, el propio sistema sanitario ha activado retiros preventivos de determinadas fórmulas ante posibles riesgos microbiológicos, esto demuestra que los mecanismos de vigilancia existen y pueden funcionar , pero la pregunta vuelve a ser estructural:

¿Estamos reaccionando ante incidentes aislados o estamos construyendo una política preventiva integral en nutrición infantil?

La salud pública moderna no se limita a retirar productos contaminados, implica a anticipar riesgos ajustar perfiles nutricionales y diseñar marcos regulatorios coherentes con la evidencia científica acumulada.

La nutrición en el Perú: ¿prioridad real o discurso periférico?

Aquí el debate trasciende las fórmulas infantiles, la nutrición es un determinante mayor de enfermedades crónicas, gasto sanitario y productividad futura. Sin embargo, en la práctica suele ocupar un espacio secundario en la toma de decisiones macro.

Cuando la evidencia sobre programación metabólica temprana es robusta, pero las respuestas regulatorias son lentas o fragmentadas, surge una pregunta incómoda:

¿Estamos considerando la nutrición infantil como un eje estratégico de desarrollo o como un tema técnico que se atiende solo cuando surge una crisis mediática?

Una reflexión ética impostergable

Las fórmulas infantiles cumplen una función clínica necesaria en muchos casos, negarlo sería irresponsable pero permitir que el mercado opere estándares nutricionales discutibles o con marcos regulatorios ambiguos también lo es.

La infancia no es un nicho comercial más, es la etapa donde se define buena parte del riesgo metabólico futuro, si el país aspira a reducir obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares en las próximas décadas, la conversación no puede empezar en la adultez, empieza en el biberón. 
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